Hay momentos en los que el malestar psicológico no se presenta de forma clara o concreta, pero empieza a afectar al bienestar, a las relaciones o a la forma de afrontar la propia experiencia vital.
Puede manifestarse a través de ansiedad persistente, cambios en el estado de ánimo, dificultades para dormir, pérdida de interés o sensación de bloqueo ante situaciones vitales complejas como separaciones, duelos, cambios laborales o conflictos relacionales. A veces ocurre sin que aparentemente haya cambiado nada en nuestra vida.
En otras ocasiones, el malestar aparece vinculado a experiencias difíciles del pasado o a dinámicas de pareja que generan sufrimiento y confusión.
Si te reconoces en alguna de estas situaciones, la terapia psicológica puede ser un espacio para comprender lo que está ocurriendo y trabajar cambios que permitan una forma diferente de posicionarse ante las dificultades.
Entre los motivos de consulta más habituales se encuentran:
Trastorno de ansiedad generalizada
Trastorno obsesivo-compulsivo
Fobia social
Trastorno de pánico y crisis de ansiedad
Trastorno depresivo mayor
Trastornos depresivos persistentes
Trastorno de estrés postraumático
Trastorno disfórico premenstrual
Hipocondría (ansiedad por la salud)
Trastornos relacionados con el trauma y el estrés
Disfunciones sexuales
Dificultades en la regulación emocional
Problemas de autoestima y autoimagen
Conflictos relacionales y de pareja
En población infantojuvenil, se atienden habitualmente dificultades como:
Trastornos de ansiedad en la infancia y adolescencia
Dificultades emocionales y de regulación afectiva
Problemas de conducta
Dificultades en las relaciones sociales
Trastornos del estado de ánimo en menores
Dificultades asociadas a experiencias estresantes o traumáticas
Procesos de adaptación a cambios familiares o vitales
Estas áreas sirven como orientación y no describen todos los posibles motivos de consulta. El trabajo terapéutico se orienta en función de cada situación.